Bebidas ancestrales con memoria y tradición boyacense
Beber Boyacá es honrar su tiempo
Las bebidas tradicionales boyacenses se fermentan, se cocinan y se preparan con paciencia. Cada una guarda un ritmo, una historia y una intención. En el Hotel Zuhe, estas bebidas no solo se ofrecen: se cuentan, porque beber Boyacá es entender su espíritu.
En Boyacá, las bebidas no solo acompañan la comida: cuentan historias. Nacen del maíz, de la panela, de la leche y de los frutos andinos; se fermentan, se reposan y se comparten. Son bebidas que abrigan el cuerpo, fortalecen la comunidad y conservan la memoria de los pueblos que aprendieron a escuchar la tierra. Hoy recorremos algunas de las más representativas, aquellas que aún se sirven con orgullo y sentido.

Chicha: el sorbo sagrado del altiplano
La chicha es la bebida ancestral por excelencia del altiplano cundiboyacense. Elaborada a base de maíz fermentado, fue sagrada para los pueblos muiscas y protagonista de rituales, celebraciones y acuerdos comunitarios.
Durante siglos fue prohibida y estigmatizada, pero sobrevivió en las casas, en el campo y en la memoria colectiva. Hoy vuelve con dignidad como símbolo de identidad cultural. Su sabor es suave, ligeramente ácido, vivo. Beber chicha es conectar con un tiempo más lento y consciente.
Antes de que existieran relojes y recetas escritas, el conocimiento se transmitía observando la naturaleza. La fermentación fue uno de esos aprendizajes profundos: dejar reposar el maíz, permitir que el agua, el aire y el tiempo hicieran su trabajo.
La chicha y el mazato no se improvisan. Se preparan siguiendo ciclos lunares, temperaturas del clima y experiencia heredada. Fermentar no era solo conservar alimentos, era activar la vida. En Boyacá, estos saberes siguen vigentes en cocinas campesinas que entienden que la paciencia también alimenta.

Mazato: energía líquida que alimenta
El mazato es una bebida espesa y nutritiva, preparada tradicionalmente con maíz —aunque también con arroz— y fermentada levemente.
En Boyacá se consume como alimento y bebida, especialmente durante largas jornadas de trabajo campesino.

Sopa Dulce: calor que consuela
La sopa dulce mezcla leche caliente con panela derretida y, en algunas versiones, especias como canela o clavos. Se sirve especialmente en tardes frías, celebraciones familiares o como cierre de una comida abundante.
No es un postre común, es una bebida emocional. Cada taza evoca fogón encendido, conversación pausada y hogar. En Boyacá, la sopa dulce abraza.

Agua de Panela: dulzura cotidiana
El agua de panela, caliente o fría, es una de las bebidas más presentes en la vida cotidiana boyacense. Rica en energía natural, acompaña desayunos, labores del campo y momentos de descanso.
A veces se sirve con limón, otras con queso campesino. Es sencilla, honesta y poderosa. En Boyacá, la panela no solo endulza: sostiene.

Sabajón de Feijoa: tradición que se vuelve celebración
El sabajón de feijoa representa el encuentro entre tradición y creatividad. Elaborado con leche, huevo, azúcar y pulpa de feijoa —fruto emblemático de las zonas frías—, este licor cremoso es suave, aromático y festivo.









