Cocido Boyacense: tradición, abundancia y cocina de olla grande
El abrazo de la tierra en un solo plato
Hay comidas que no solo alimentan el cuerpo, sino que calientan el alma. El cocido boyacense es una de esas preparaciones que reúne lo mejor de nuestra tierra en un solo plato: tubérculos ancestrales, carnes jugosas, mazorca tierna y el sabor inconfundible de la longaniza. Es un plato que cuenta historias, que une familias y que representa la generosidad del campo boyacense.

Un plato nacido del encuentro de culturas
El cocido boyacense tiene sus raíces en la época colonial, cuando se fusionaron las tradiciones culinarias indígenas con las traídas por los españoles. Los tubérculos nativos como las ibias, los cubios y las chuguas se encontraron con las carnes de res y cerdo, creando una preparación única que solo existe en estas tierras.
Este plato se consolidó en las cocinas campesinas como una comida de celebración, preparada en ocasiones especiales o cuando había que reunir a toda la familia alrededor de la mesa. Su preparación lenta y cuidadosa refleja el ritmo pausado de la vida en el campo boyacense.
Los tesoros que componen el cocido
Lo que hace especial al cocido boyacense es la diversidad de ingredientes que lo componen, cada uno con su propia historia y sabor:
Tubérculos ancestrales:
- Ibias: pequeñas, dulces y de color morado intenso
- Cubios: amarillos y con un sabor ligeramente ácido
- Chuguas: blancas y cremosas, de textura suave
- Papas criollas y sabaneras: la base fundamental de cualquier cocido
Carnes y proteínas:
- Longaniza boyacense: con su sazón especiado y color rojizo
- Costilla de res: que aporta profundidad al caldo
- Tocino: para darle ese toque de sabor intenso
- Pollo criollo: en algunas versiones tradicionales
Vegetales y complementos:
- Mazorca tierna: dulce y jugosa
- Habas frescas: cremosas y nutritivas
- Repollo: que se integra suavemente al caldo
- Cilantro y cebolla larga: para el aromático hogao boyacense
El arte de preparar un buen cocido
Preparar un cocido boyacense auténtico requiere tiempo, paciencia y respeto por cada ingrediente. El proceso comienza temprano en la mañana:
- Las carnes se ponen a cocinar primero, en agua con sal y condimentos naturales
- Los tubérculos se agregan en orden según su tiempo de cocción
- La mazorca y las habas entran cuando el caldo ya ha tomado cuerpo
- El hogao boyacense se prepara aparte y se añade al final
- Todo se deja reposar para que los sabores se integren
El resultado es un caldo dorado, aromático y reconfortante, donde cada ingrediente mantiene su identidad pero contribuye al conjunto.
Más que un plato: un ritual de conexión
En Boyacá, preparar y compartir un cocido es un acto de comunidad. Se hace para celebraciones familiares, para recibir visitas importantes, para agradecer la cosecha o simplemente para reunir a quienes amamos alrededor de una mesa generosa.
Comer cocido boyacense también tiene su ritual: se sirve bien caliente, en platos hondos, y se acompaña con arroz blanco, aguacate y ají casero. Cada persona arma su plato según su gusto, creando su propia versión de este clásico.
Una experiencia que ofrecemos con orgullo
En Hotel Zuhe, preparamos el cocido boyacense siguiendo las recetas tradicionales que nuestras abuelas nos enseñaron. Utilizamos tubérculos frescos de productores locales, carnes de calidad y el amor necesario para que cada porción sea memorable.
Sumercé puede disfrutar de nuestro cocido boyacense:
- En nuestro restaurante, servido en el momento perfecto
- Como parte de experiencias gastronómicas especiales
- Durante eventos culturales como "La Cucharita Se Me Perdió"
- En almuerzos tradicionales que celebran el domingo boyacense
El sabor de la identidad
El cocido boyacense no es solo comida: es identidad, memoria y orgullo. Es la prueba de que nuestra tierra es generosa y de que nuestras tradiciones siguen vivas en cada fogón. Cada cucharada es un viaje al corazón de Boyacá, un recordatorio de que las mejores cosas se hacen con calma, con cariño y con respeto por lo que somos.
En Hotel Zuhe, lo invitamos a vivir esta experiencia auténtica, a sentarse con nosotros y a compartir este plato que resume siglos de historia, cultura y amor por nuestra tierra.
Porque aquí, sumercé, la comida siempre sabe a hogar.









