Olla, fuego y dulce memoria ancestral de Boyacá
Hay platos que no nacieron para comerse rápido.
En Boyacá, muchas recetas se pensaron para reunir, esperar, conversar y agradecer. Son preparaciones de olla grande, de campo abierto, de celebraciones largas y sobremesas sin afán. Hoy recorremos esos sabores profundos que definen la identidad boyacense: sopas robustas, carnes emblemáticas que conectan con lo sagrado.

Puchero Boyacense: la abundancia como acto de amor
El puchero boyacense es una declaración de generosidad. Carne de res, cerdo y pollo conviven con papas, arracacha, yuca, plátano, repollo y mazorca, cocidos lentamente hasta que el caldo se vuelve espeso y reconfortante. Tradicionalmente se servía en días especiales, cuando la familia completa se reunía. No es solo comida: es hospitalidad servida en plato hondo.

Cuchuco con Espinazo: herencia muisca que sigue viva
El cuchuco con espinazo es una de las sopas más antiguas del altiplano. Elaborado con trigo pelado, espinazo de cerdo, habas, arvejas y papas, representa la cocina de subsistencia inteligente: nutritiva, rendidora y profundamente sabrosa. Es un plato que cuenta la historia de los pueblos indígenas y campesinos que aprendieron a cocinar con lo que la tierra daba, sin desperdicio.

Sopa de Mute: paciencia convertida en sabor
La sopa de mute es compleja y generosa. Lleva maíz blanco pelado, carnes variadas, legumbres y un caldo espeso que requiere horas de cocción. En Boyacá, el mute se asocia a celebraciones comunitarias y fiestas patronales. Cada cucharada es una lección de paciencia y respeto por el tiempo de los alimentos.









